¡Paz, mis queridos hijos!
Vivan la paz para que puedan recibir en profundidad el amor de Dios. Vivan el amor para que puedan ser sanados de todas las heridas y llagas de sus almas a causa de los pecados cometidos en sus vidas.
Mis hijos, todavía no saben cómo vivir y escuchar mis mensajes. Hablan de mis mensajes, pero aún no los viven como yo deseo.
Luchen por su lugar en el cielo convirtiéndose y entregando sus corazones a Dios. Reciban mi amor maternal, testimoniando también a sus hermanos y hermanas el gran amor de Dios por ustedes y por la humanidad.
Oren por la Iglesia, oren mucho estos días por la Iglesia. Que sus oraciones, Santas Misas, adoraciones y ayunos sean por ella.
Los bendigo, para que tengan la fuerza para soportar las grandes pruebas y cruces que pronto caerán sobre el mundo. Los pecados que se cometen hoy están trayendo gran sufrimiento al mundo, y los pecados de muchos consagrados al Señor están trayendo el fuego de la justicia divina.
Oren, oren muchos Rosarios para reparar estos pecados: los de desobediencia, impureza e infidelidades de muchos sacerdotes y fieles, porque muchos están caminando por el camino de la destrucción y la muerte eterna.
Regresen, regresen a Dios, borren las lágrimas que a menudo caen de mis ojos cuando no están unidos, cuando permiten que surjan malentendidos, cuando se dejan llevar por trampas y apariencias falsas.
El diablo sabe cómo engañarlos tentándolos con malos pensamientos e ideas. Oren, oren muchos credos para renunciar a todo mal y tentación, y pidan la luz y la gracia del Espíritu Santo.
Estoy a su lado para ayudarlos y bendecirlos. Gracias por venir aquí a orar y por querer vivir mis llamados. Los bendigo a todos: en el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. ¡Amén!