Pequeños hijos, nietos, bisnietos, si amáis a Mi Hijo, amáis a vuestro prójimo. Si no amáis a vuestro prójimo, es porque no amáis a Mi Hijo Jesús con un amor sincero. Amaos los unos a los otros; esta es la enseñanza de Dios.
Caridad, pequeños hijos, practicad la caridad, porque os hace crecer ante los ojos de Dios. No os conforméis solo con palabras, sino actuad, especialmente en este tiempo de Cuaresma. Los que practiquen la caridad serán vistos por Jesús y lo que hayan dado les será devuelto más allá de sus expectativas.
La caridad debe vivirse para que Dios la sienta. Debe ser una expresión de vuestra fe y de vuestras esperanzas en Su corazón paternal. La caridad debe ser desinteresada; es una invitación al amor y a la humildad que busca imitar el amor de Dios.
Practicad la caridad, pequeños hijos, porque muchos a vuestro alrededor están sufriendo, muchos llevan secretos muy pesados que no quieren compartir porque no desean exponerse.
Así pues, no practicéis solo la caridad ayudando financieramente a los necesitados, sino sabed detectar en los ojos y actitudes de algunos el sufrimiento que muestran, un sufrimiento que les mantiene despiertos por la noche, un sufrimiento que les hace llorar cuando están solos, cuando creen que nadie puede verlos, un sufrimiento inmedible, porque sus corazones están rotos por tanta maldad o incomprensión a su alrededor.
Estamos en mitad de la Cuaresma; no olvidéis esta pequeña palabra “caridad”, no olvidéis esta pequeña palabra “amor al prójimo”, no olvidéis esta pequeña palabra “humildad”. Id hacia los demás, ayudadles; comprendedlos para que sientan en vosotros el amor de Nuestro Señor Jesús Cristo, el amor de Mi amado Hijo.
Este es mi mensaje para vosotros esta tarde, pequeños hijos.
Gracias por venir a encontrarme y ser bendecidos en el amor y la caridad del Corazón de Mi Hijo Jesús Cristo, tu Señor.
María, Madre de la Caridad Cristiana