Queridos hijos, la Inmaculada Madre María, Madre de todos los pueblos, Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Reina de los Ángeles, Auxilio de los pecadores y Misericordiosa Madre de todos los hijos de la tierra; he aquí, hijos, que Ella viene a vosotros otra vez esta noche para amaros, bendeciros y permanecer cerca de vuestros corazones.
Hijos, os digo una vez más que el tiempo de descanso para muchos de vosotros está llegando a su fin; reuníos en oración y buscad a Jesús —buscadle con fervor— porque Él os guiará por las sendas celestiales.
Veis, hijos, cuánto os habéis alejado de esta Gracia, ¡cometiendo un error! Porque sois hijos de Dios y no podéis privaros de tan grande Gracia. La Gracia os sostiene, os acompaña y os guía por senderos suaves y luminosos.
Veis, hacer esto no debería ser una lucha; debe brotar de lo más profundo de vuestro corazón porque así lo deseáis, porque formáis parte de ello, porque eso es lo que sois: ¡parte de Dios!
Tal vez hayáis olvidado que a través del Bautismo fuisteis marcados con el Sello de Dios. Ese sello significa que sois hijos de Dios, la carne de Dios; por eso no podéis apartaros de él: os es precioso.
No podéis vivir sin la ayuda de la Gracia —cuánta misericordia os concede, con cuánta atención os escucha en vuestros momentos más desesperados. Siempre está presente, pero vosotros, lamentablemente, habéis dado prioridad a las cosas fútiles de esta vida terrenal —cosas que no os dan nada; son como arena entre vuestras manos que el viento se lleva. La Gracia, sin embargo, no se desvanece; perdura porque es el Hijo del Creador!
Vamos, hijos Míos, sin peros ni excusas, pongan sus manos sobre sus corazones y busquen a Jesús; en la oración lo encontrarán. Él está esperando su invitación; sean corteses, pero sobre todo, háganlo con amor.
ALABANZA AL PADRE, AL HIJO Y AL ESPÍRITU SANTO
Os doy Mi Bendición Santa y os agradezco por escucharme.
¡ORAD, ORAD, ORAD!
JESÚS APARECIÓ Y DIJO
Hermana, es Jesús quien te habla: ¡TE BENDIGO EN MI TRINIDAD, QUE ES EL PADRE, YO EL HIJO, Y EL ESPÍRITU SANTO! AMÉN.
Que Él descienda —radiante, santo, imponente y dador de vida— sobre todos los pueblos de la tierra, para que comprendan que deben cambiar su forma de vida en este mundo.
¡Hijos, es vuestro Señor Jesucristo quien os habla! ¡Sí, soy Yo; escuchad lo que digo!
Los tiempos se vuelven difíciles y vosotros sois como niños: no queréis cambiar vuestra forma de vida; seguís sin desanimaros, continuando en la búsqueda de cosas que no os dan nada, apartándoos de Mí repentinamente.
¿Qué os he hecho? ¿Es acaso porque os he dado demasiado amor?
Bueno, si ese es el caso, continuaré dándotelo; no tengo intención de detenerme, aunque Me hayas dado la espalda. Yo nunca me he alejado de ti; tú lo has hecho, pero no guardo rencor — siempre espero con ansias. Verás, Mi manto siempre está un poco abierto, ¡para que Mi Sagratísimo Corazón pueda recibiros a todos juntos y llevaros a beber de ese manantial infinito de gracia, amor e inmensa misericordia!
¡OS BENDIGO EN MI TRINIDAD, QUE ES EL PADRE, YO EL HIJO, Y EL ESPÍRITU SANTO! AMÉN.
NUESTRA SEÑORA ESTABA VESTIDA ENTERAMENTE DE ORO; EN SU CABEZA LLEVABA UNA CORONA DE EMPERADOR ENGASTADA CON PIEDRAS PRECIOSAS; EN SU MANO DERECHA SOSTENÍA UN VELO NUPCIAL; Y A SUS PIES HABÍA UN PEQUEÑO ESTANQUE LLENO DE MUCHOS PÉTALOS DE ROSAS COLORIDOS.
JESÚS VESTÍA UNA TÚNICA ROJA CON BORDES DORADOS; TAN PRONTO COMO APARECIÓ, NOS HIZO RECITAR EL PADRE NUESTRO. EN SU CABEZA LLEVABA UNA CORONA DE EMPERADOR ENGASTADA CON PIEDRAS PRECIOSAS, EN SU MANO DERECHA SOSTENÍA UN CETRO DE ORO QUE BRILLABA INTENSAMENTE, Y A SUS PIES HABÍA UN POZO CON UN CUBO LLENO DE AGUA COLGANDO DE ÉL; EL ARCO SOBRE ÉL ESTABA ENTERAMENTE ADORNADO CON FLORES COLORIDAS.
HABÍA ÁNGELES, ARCÁNGELES Y SANTOS PRESENTES; LOS SANTOS ESTABAN VESTIDOS CON SUS MEJORES ROPAS.
Fuente: ➥ www.MadonnaDellaRoccia.com